SKY WORLDTodas las historias

La noche de Cobrador

La noche que sacudió el reino, Cobrador del Vacío prepara una oferta para Aurora. Pero Morteus también tiene sus propios intereses.

Cobrador del Vacío, con un manto oscuro y el rostro oculto, ante unas ruinas.

Cobrador del Vacío esperó hasta que Aurora cruzó los jardines con el último de los prisioneros.

Oculto cerca del muro, vio a la joven conducir al grupo por el pasadizo lateral del castillo. Aurora era hija de Charles, hermano del rey Alfred. Había crecido cerca del trono, escuchando decisiones que algún día quería tomar por sí misma.

Aquella noche, sin embargo, necesitaba avanzar sin que la vieran. Los dos osos que la acompañaban apenas cabían por el pasadizo, y ella volvió para ayudarlos antes de dirigirse al bosque.

Cobrador observó hasta que todos desaparecieron entre los árboles.

Era una divinidad, aunque su manto cerrado y su rostro oculto permitían que, de lejos, lo confundieran con un viajero. Había ido al castillo por Aurora. Ahora que la había visto salir a escondidas, sabía cómo hacer que su propuesta fuera más difícil de rechazar.

Días antes, había encontrado a la sobrina del rey en uno de los templos del reino. Esperó a que los demás visitantes se marcharan y la escuchó terminar una oración.

Aurora había pedido la oportunidad de gobernar.

Cuando él se acercó y le dijo cómo lo llamaban, ella se levantó del banco.

—¿Me has oído?

—He oído lo que pediste.

Aurora miró hacia la entrada del templo. No había nadie.

—Mi tío cree que solo él puede decidir qué es lo mejor para todos —dijo—. Y después de él, será Anastacia.

La hija del rey Alfred, prima de Aurora, era quien se estaba preparando para sucederlo.

—Y tú quieres ocupar ese lugar —respondió Cobrador.

Aurora le sostuvo la mirada.

—Quiero tener esa oportunidad.

Él le había ofrecido ayuda. A cambio, si Aurora llegaba al trono con su apoyo, tendría que levantar un templo bajo la protección de la Corona y dar a sus representantes un lugar en las decisiones del reino.

Ella no había aceptado.

—Todavía no sé qué puedes hacer por mí.

—Entonces averigua qué necesitas. Podremos volver a hablar.

Aurora había abandonado el templo sin hacer ninguna promesa.

Desde entonces, Cobrador seguía sus movimientos. Quería la influencia que una reina podía concederle: puertas abiertas, protección para sus seguidores y un consejo dispuesto a escuchar sus exigencias.

La muerte de un hombre importante podía ayudarlo a conseguir todo eso.


Después de que Aurora se marchara, Cobrador entró por el pasadizo que ella había usado para liberar a los prisioneros. Atravesó la zona desierta de los jardines y llegó a los corredores del ala del consejo.

No necesitaba buscar a Alfred. La muerte del rey convertiría a su hija en el centro de la sucesión. Cobrador quería debilitar el gobierno y ofrecer a Aurora la oportunidad de disputar el poder.

Arthur Raven estaba en la sala menor, recogiendo los documentos que llevaría a la siguiente reunión. Era uno de los consejeros del rey y representaba a una familia con tierras, soldados e influencia propia.

Cobrador se detuvo en la puerta.

Arthur levantó la cabeza.

—El consejo no se reúne hasta mañana.

—Lo sé.

El visitante entró. Arthur dejó los documentos sobre la mesa y examinó el manto que ocultaba su rostro.

—¿Quién te ha dejado pasar?

Cobrador siguió avanzando.

Arthur apartó la silla para levantarse, y el respaldo golpeó con fuerza la pared. Al ver la hoja que asomaba bajo el manto, intentó alcanzar la puerta.

Cobrador lo interceptó. El consejero chocó contra la mesa, produciendo un segundo golpe, e intentó apartar el brazo que se dirigía hacia él. No consiguió detener el ataque.

Arthur cayó cerca del centro de la sala.

Durante unos instantes, Cobrador permaneció a su lado. Después oyó pasos en el corredor y se retiró por la puerta lateral.

El silencio en el consejo — escena de La noche de las celdas vacías

El grito llegó cuando ya bajaba la escalera.

Un hombre había encontrado el cuerpo.

Cobrador atravesó los jardines mientras los soldados corrían hacia el ala del consejo. James Raven, hijo de Arthur, exigiría una respuesta. Alfred tendría que explicar cómo uno de sus consejeros había sido asesinado dentro de su propio castillo.

Y Aurora tendría que explicar dónde había estado.

Leon, su marido y también miembro del consejo, podía confirmar su ausencia de los aposentos. Quizá creyera la explicación de la liberación. Quizá le exigiera que se lo contara todo al rey. Cobrador no sabía cómo reaccionaría Leon, pero esperaba que Aurora temiera la pregunta.

Ayudar a escapar a unos prisioneros ya suponía desobedecer la orden de Alfred. Haberlo hecho la misma noche de un asesinato haría más difícil cualquier explicación.

Si buscaba ayuda, Cobrador estaría dispuesto a ofrecérsela. Con sus condiciones.

Antes de que cerraran las puertas, él ya había abandonado el castillo por el mismo camino que los fugitivos.


Cobrador regresó al bosque y se dirigió a la cueva donde una grieta conectaba aquel mundo con el plano de los dioses. Atravesó la abertura y permaneció cerca, esperando que Aurora lo llamara.

El paso no le pertenecía. Otras divinidades también podían llegar hasta él. Aquella noche, sin embargo, se quedó solo junto a la luz.

No oyó su nombre hasta la noche siguiente.

Aurora estaba en la cámara del otro lado, todavía con el manto de viaje. Cobrador se acercó a la abertura sin atravesarla.

—¿Cómo encontraste este lugar?

—Elyra habló de la grieta. Es la anciana que estaba presa en el castillo. Después, Satobear explicó el camino.

El oso que Aurora había ayudado a liberar conocía la cueva. Al oír la respuesta, Cobrador comprendió por qué había tardado tanto en llegar.

—¿Volviste al castillo después de soltar a los prisioneros? —preguntó.

Aurora asintió.

—Arthur estaba muerto. Leon quiso saber dónde había estado. Le conté lo que hice, pero insistió en que debíamos hablar con el rey.

—¿Y lo hicieron?

Ella tardó en responder.

—Le dije a mi tío que Leon no estaba en el dormitorio aquella noche.

Cobrador observó a la joven a través de la abertura. Había esperado que Aurora huyera de la acusación. No había previsto que intentara hacerla recaer sobre su marido.

—Alfred mandó detenerlo —continuó ella—. Anastacia fue a hablar con él y después vino a buscarme.

—¿La hija del rey cree a Leon?

—Todavía no sabía a quién creer. Le dije que él me había contado dónde estaban los prisioneros. Llevé a Anastacia hasta allí.

—¿Y qué dijeron ellos?

—No me quedé a escuchar. Cuando descubran que mentí, vendrán a buscarme.

Aurora miró hacia el corredor de la cueva.

—No maté a Arthur.

Cobrador ya lo sabía. Vio que ella esperaba una respuesta y eligió sus palabras antes de hablar.

—Pero ahora tendrás que convencer a tu tío de eso. Y explicar por qué acusaste a Leon.

—Por eso vine. Dijiste que podías ayudarme.

—Puedo ayudarte a enfrentarte a Alfred. Mi condición sigue siendo la misma.

Aurora se acercó a la luz.

—El templo y tus representantes en el consejo.

—Bajo la protección de tu corona.

Ella permaneció en silencio.

Cobrador no tenía prisa por llenar aquella pausa. Cuanto más pensara Aurora en lo que la esperaba en el castillo, más valor daría a su oferta.

—¿Y Leon? —preguntó ella.

—Cuando tengas poder para enfrentarte al rey, podrás exigir la libertad de tu marido.

—Le dije que volvería a buscarlo.

—Entonces tienes que decidir cómo vas a cumplir esa promesa.

Aurora se alejó unos pasos del portal y se sentó junto a la pared. Estaba cansada, pero todavía no aceptaba.

Cobrador permaneció al otro lado. Dejó que pasara la noche considerando la oferta.


A la mañana siguiente, Cobrador seguía esperando junto al portal. Aurora permanecía en la cueva, al otro lado de la abertura, sin haber aceptado su propuesta.

Al oír pasos, se volvió. Morteus, el dios de los intercambios, se dirigía hacia él. Tenía cuatro ojos y llevaba un manto marcado con lunas crecientes.

Los dos estaban en el mundo de los dioses. A través del portal podían hablar con Aurora, pero la luz del paso dificultaba que ella los viera.

Morteus se detuvo junto a Cobrador.

—¿Qué está pidiendo?

—Ayuda para tomar el trono del rey Alfred. Ya le he hecho mi propuesta. Estoy esperando la respuesta.

Aurora se levantó al oír la conversación.

—¿Quién está contigo?

—Mi nombre es Morteus —respondió el recién llegado.

Ella se acercó a la abertura. Conocía aquel nombre y sabía que el dios de los intercambios exigía un pago por su ayuda.

—¿Tú también quieres algo de mí?

—Primero quiero saber qué necesitas.

Aurora miró hacia el corredor que llevaba a la entrada de la cueva.

—Mi tío mandará buscarme. No puedo volver al castillo ahora.

—Puedo ayudarte a salir de aquí —dijo Morteus—. Si vienes conmigo, te llevaré a un lugar donde los soldados de Alfred no podrán alcanzarte.

—¿Y me ayudarás a ser reina?

—Eso tendríamos que acordarlo después. Por ahora, te ofrezco un lugar donde quedarte.

Cobrador se volvió hacia él. Morteus ofrecía a Aurora una salida sin exigir los puestos en el consejo que él había pedido.

Aurora también notó la diferencia, pero aún quiso saber:

—¿Qué tendré que hacer a cambio?

—Si decides pedir ayuda a un dios para conquistar el trono, ven a hablar conmigo primero. Escucharás mi propuesta y sabrás qué quiero a cambio. Después podrás aceptarla o rechazarla.

—¿Aunque vaya contigo ahora?

—Sí. Cruzar conmigo no te obliga a aceptar ese segundo acuerdo.

Cobrador interrumpió:

—Él todavía no te ha prometido ayudarte a gobernar.

Aurora respondió mirando a la figura que apenas distinguía a través de la luz:

—Lo sé. Pero tú quieres a tus representantes en mi consejo y todavía no has explicado cómo piensas llevarme al trono.

—Para eso viniste a buscarme.

—Y sigo queriendo gobernar. Pero necesito salir de aquí antes de que me encuentren.

Cobrador guardó silencio. Había esperado que el miedo a volver al castillo la llevara a aceptar sus condiciones. Con la llegada de Morteus, ella tenía otra opción.

Aurora volvió a hablar con el dios de los intercambios:

—Voy contigo. Si necesito ayuda divina para disputar la corona, escucharé tu propuesta primero.

—De acuerdo —respondió Morteus.

Ella dio un paso hacia el portal, pero se detuvo al oír que alguien la llamaba.


Ante el paso — escena de El paso cerrado

Anastacia había llegado a la cueva con los soldados y sus compañeros del bosque. La princesa, hija del rey Alfred y prima de Aurora, había ido a buscarla.

Cobrador permaneció en el mundo de los dioses. A través de la abertura oyó a Aurora pedir al grupo que no se acercara.

—Venimos a buscarte —dijo Anastacia.

—No voy a volver ahora.

La princesa preguntó por qué había mentido sobre la liberación de los prisioneros y acusado a Leon, su propio marido.

—Necesitaba salir del castillo —respondió Aurora.

—Y dejaste a tu marido preso en tu lugar.

Morteus atravesó el portal y entró en la cueva. Ahora estaba junto a Aurora, delante de todos.

Cobrador se quedó atrás, apartado de la abertura. Oyó a Elyra, la anciana de la Aldea Oculta, reconocer a Morteus y decirle a la princesa que aquel era el dios de los intercambios.

Anastacia volvió a hablar con Aurora:

—¿Qué le pediste?

—Es una decisión mía.

Morteus tendió la mano a Aurora.

—Podemos irnos.

—Aurora, espera —pidió Anastacia—. Ni siquiera sabes si podrás volver.

Aurora vaciló ante la mano que le ofrecía.

—Leon te está esperando —insistió la princesa.

Al oír el nombre de su marido, Aurora miró a Anastacia.

—Dile que voy a volver.

Entonces tomó la mano de Morteus.

El dios de los intercambios entró primero en el portal. Aurora lo siguió, mientras Anastacia corría para intentar alcanzarla.

Cobrador vio llegar a los dos al mundo de los dioses. Todavía oyó a la princesa llamar a Aurora, pero la abertura comenzó a cerrarse. La luz fue disminuyendo hasta desaparecer por completo.

Al otro lado — escena de El paso cerrado

Anastacia y los demás se quedaron en la cueva. Aurora estaba ahora con Morteus y Cobrador, sin un paso abierto por el que pudiera volver.


Aurora soltó la mano de Morteus y se volvió hacia el lugar donde había estado el portal. Esperó, pero la voz de Anastacia ya no llegaba hasta ella.

Después miró a su alrededor. Un camino se extendía ante ella, y Cobrador la observaba a pocos pasos de distancia.

Ahora podía verlo con claridad, sin la luz del paso entre los dos.

—Vine con Morteus —dijo Aurora—. No acepté lo que pediste.

—Lo sé —respondió Cobrador.

Morteus llamó a la joven.

—Ven, Aurora. Te llevaré lejos del paso.

Ella miró hacia atrás una vez más y después lo acompañó.

Cobrador se quedó donde estaba. Había matado a Arthur Raven, el consejero de Alfred, para aumentar la presión sobre Aurora. Esperaba que necesitara tanto su ayuda que aceptara darle influencia sobre el reino.

Aurora sí había ido a buscarlo. Pero Morteus había aparecido antes de que aceptara y le había ofrecido una salida que le costaba menos en aquel momento.

Cobrador observó cómo se alejaban. La muerte de Arthur había provocado la crisis que él deseaba. Aun así, Aurora se marchaba sin deberle nada.