SKY WORLDTodas las historias

El paso cerrado

El camino hacia la cueva acerca a Anastacia a Aurora y al mundo de los dioses.

La búsqueda de Aurora — escena de El paso cerrado

Después de que el guardia saliera para organizar la búsqueda de Aurora, Anastacia permaneció frente a la mesa de su padre. Flor descansaba en el suelo a su lado, con la cabeza apoyada en su pierna.

—Hay algo más que debe saber.

Alfred volvió a sentarse. La princesa le contó lo que Elyra había explicado en el refugio: la cueva, la abertura entre los planos y las criaturas que regresaban sin poder controlar sus actos.

El rey escuchó hasta el final.

—¿Esa es la cueva en la que estuvieron los osos?

—Sí. Conocen el camino. Elyra cree que debemos cerrar el paso para impedir que afecte a otras criaturas.

—¿Y cómo piensan hacerlo?

Anastacia se agachó para acariciar la cabeza de Flor.

—Todavía no lo sabemos.

Alfred se recostó en la silla.

—Entonces no te enviaré allí solo porque esa anciana crea que podrás resolverlo todo.

—También dijo que no debía ir sola. Estoy pidiendo ayuda, padre.

El rey miró a su hija. Anastacia continuó antes de que respondiera:

—Aurora oyó la misma explicación. Preguntó si alguien podía atravesar la grieta y quiso saber exactamente dónde estaba la cueva. Después se fue sin esperarnos.

—¿Crees que fue allí?

—Creo que debemos buscarla. Se fue después de conocer el camino.

Alfred se levantó y abrió la puerta. Llamó a uno de los hombres que esperaban en el pasillo y le ordenó preparar una pequeña escolta. También mandó llevar provisiones al refugio y avisar a Elyra de que Anastacia volvería al amanecer.

Cuando volvieron a quedarse solos, la princesa hizo otra petición:

—Quiero hablar con Leon antes de partir.

—¿Sobre Aurora?

—Decía la verdad sobre la liberación de los prisioneros. Quizá pueda ayudarnos a entender por qué huyó.

Alfred aceptó.

—Después yo también lo escucharé.


Una ambición revelada — escena de El paso cerrado

Anastacia dejó a Flor acomodada en sus aposentos y bajó con un guardia hasta las celdas. Esta vez, Leon ya estaba junto a la puerta cuando llegó. El marido de Aurora se acercó a los barrotes, buscando una respuesta en el rostro de la princesa.

—¿Encontraste a tus amigos?

—Están bien. Flor volvió conmigo. Los demás confirmaron que fue Aurora quien los sacó de aquí.

Leon cerró los ojos un instante.

—¿Tu padre lo sabe?

—Acabo de contárselo. Pero Aurora ha desaparecido.

Él sujetó uno de los barrotes.

Anastacia explicó la salida del refugio, el caballo que faltaba y la ausencia de Aurora en el castillo. Leon escuchó sin interrumpir. Cuando terminó, se apartó de los barrotes.

—Vino a verme hoy.

—¿Cuándo?

—Después de tu primera visita. Le pidió al guardia hablar con su marido, y él nos dejó conversar a través de la puerta.

Anastacia recordó el tiempo que había pasado contándole a su padre la primera conversación con Leon, antes de buscar a Aurora en la galería.

—¿Qué dijo?

—Le pregunté por qué había mentido. Respondió que necesitaba tiempo y que yo no debía haber insistido en acudir al rey.

—¿Te dejó preso para impedir que contaras lo que sabías?

—Eso le pregunté. Aurora me pidió que bajara la voz. Dijo que volvería para sacarme de aquí.

Leon miró al guardia, que seguía al principio del pasillo.

—Pensé que pediría ayuda a Charles. Tu tío aún tiene hombres e influencia, incluso después de abandonar el consejo. Pero dijo que no pensaba pedirle nada a nadie.

—¿Cómo iba a liberarte?

—Dijo que Alfred no seguiría en el trono mucho tiempo. Y que tú tampoco debías ocuparlo.

Anastacia tardó unos instantes en responder.

—¿Dijo eso?

—Dijo que te preocupaba más el bosque que el reino. Que, si la corona llegaba a tus manos, todo seguiría igual. Quería gobernar, Anastacia. Lo dijo mirándome a los ojos.

La princesa recordó a Aurora sentada a su lado mientras Elyra explicaba la elección de Sião. Intentó recordar su expresión, pero había estado demasiado concentrada en las palabras de la anciana.

—¿Y tú? —preguntó—. ¿Qué respondiste?

—Que debía contar la verdad y sacarme de aquí antes de hablar de ocupar el lugar del rey. Aurora dijo que haría ambas cosas a su manera. Después se fue.

Anastacia apoyó la mano en la piedra junto a la celda.

—En el bosque preguntó si era posible atravesar un paso hacia el mundo de los dioses.

Leon volvió a acercarse.

—¿Crees que fue a buscarlo?

—No lo sé. Pero allí voy a buscarla.

Él bajó la cabeza.

—Está esperando un hijo nuestro. Cuando me lo contó, pensé que tenía miedo y necesitaba que estuviera a su lado. Ahora ni siquiera sé si pensaba volver a buscarme.

—Intentaremos encontrarla —dijo Anastacia.

Leon asintió despacio.

Antes de subir, la princesa pidió al guardia que confirmara al rey la visita de Aurora. Alfred tendría que escuchar lo que Leon acababa de contar, pero ella quería que la investigación también buscara lo que pudiera comprobarse.


Al amanecer, los caballos estaban listos en el patio. Anastacia encontró a su padre junto a la escolta, dando las últimas instrucciones. Ya le había contado la promesa de Aurora y su intención de tomar la corona. Alfred había escuchado a Leon durante la noche y había salido sin anunciar una decisión.

Cuando su hija se acercó, se volvió hacia ella.

—Los hombres de los caminos seguirán buscando. No apostaremos toda la búsqueda a una sola dirección.

Anastacia asintió.

—¿Y Leon?

—Lo llevarán de vuelta a sus aposentos, con un guardia en la puerta. Los testigos confirmaron parte de lo que dijo. Aún debo aclarar el resto.

Flor seguía los pasos de Anastacia por el patio. El bebé dragón ya había crecido y, cuando la princesa se detuvo, apoyó el hocico en su mano. Alfred las miró antes de acercarse a su hija.

—Si encuentran a Aurora, tráiganla de vuelta. Si encuentran algo a lo que no puedan enfrentarse, retrocedan.

—Tendremos cuidado.

El rey le sujetó el brazo un momento y después la dejó subir al caballo. Cuando partió la escolta, Flor trotó junto a la montura de Anastacia.

Elyra los esperaba en el refugio de cazadores. Mili había vuelto de la Aldea Oculta, donde había avisado a los habitantes que evitaran las sendas cercanas a la cueva. Satobear y Gili estaban junto al arroyo.

Anastacia les contó que aún no habían encontrado a Aurora y explicó por qué pensaba buscarla allí.

Mili apretó el bastón.

—Oyó a Elyra decir que era peligroso.

—Lo oyó —respondió Anastacia—. Por eso debemos averiguar lo que ocurrió.

Dos soldados se quedaron en el refugio con las provisiones y la tarea de ayudar a los habitantes que necesitaran abandonar la región. Los demás siguieron al grupo por el arroyo. Elyra montó uno de los caballos, con Mili muy cerca; donde la orilla se estrechaba, todos desmontaban y llevaban a los animales a pie.

Satobear iba delante. Gili caminaba junto a Anastacia y miraba a menudo hacia los árboles.

—¿Oyes algo? —preguntó la princesa.

—Solo el agua.

—Avísame si eso cambia.

La osa asintió.

Más adelante encontraron ramas rotas y marcas profundas en la tierra. Un soldado llevó la mano a la espada, pero Satobear se agachó para examinar el suelo.

—Algo grande pasó corriendo por aquí.

Gili olfateó un tronco con la corteza arrancada.

—Fue así cerca de la aldea, antes del ataque.

El grupo siguió más despacio. Ninguno sabía si la criatura seguía cerca.

El camino por el agua — escena de El paso cerrado

Al llegar a una curva del arroyo, un pequeño grupo de ciervos cruzaba el agua. Una cría resbaló entre las piedras y retrocedió, sin poder seguir a las demás. Al ver a los soldados, su madre se detuvo en la orilla opuesta.

Anastacia levantó una mano para pedir que esperaran. Se apartó de los caballos y se agachó a unos pasos de la cría. El animal temblaba, pero no huyó cuando se acercó.

Con cuidado, Anastacia afirmó los pies en el agua y la ayudó a salir de entre dos piedras. En cuanto recuperó el equilibrio, la cría corrió hacia su madre. Los ciervos permanecieron un instante bajo los árboles antes de desaparecer.

Gili esperó a que Anastacia volviera a la orilla.

—Están abandonando esta parte del bosque.

La princesa miró hacia donde se habían ido los animales. Después retomó el camino con los demás.


La pared de roca apareció entre las copas cuando el sol ya iluminaba lo alto de los árboles. Satobear se detuvo ante dos rocas grandes y señaló la abertura entre ellas.

—Es allí.

Anastacia buscó algún movimiento en la entrada. Primero vio una cuerda atada a un tronco. En el otro extremo, un caballo pastaba entre las raíces.

Reconoció la silla antes de acercarse.

—Es el caballo de Aurora.

Uno de los guardias que había acompañado el viaje del día anterior lo confirmó. Había huellas de botas en la tierra húmeda que llegaban hasta la cueva.

Anastacia desmontó y llamó a Aurora.

No llegó respuesta desde dentro, pero un resplandor tenue se movió sobre las piedras de la entrada.

Dos soldados se quedaron con los caballos. Los demás encendieron antorchas y acompañaron al grupo por el pasadizo estrecho. Gili se acercó a Satobear cuando la luz del día empezó a desaparecer a sus espaldas.

—Aquí oímos la llamada —dijo.

Anastacia redujo el paso para esperarlos. Más adelante, el resplandor se hizo lo bastante intenso para iluminar el suelo.

Ante el paso — escena de El paso cerrado

El pasadizo terminaba en una cámara de techo alto. En la pared del fondo, una abertura luminosa se extendía casi hasta el techo. La luz se movía en su interior, pero no dejaba distinguir qué había al otro lado.

Aurora estaba ante el portal.

Tenía el manto sucio de tierra y una mano apoyada en la roca. Al oír los pasos, se volvió deprisa.

—¡Aurora!

Anastacia pasó delante de los soldados. Flor la acompañó y se detuvo a su lado, mirando a Aurora y la luz del portal.

Aurora miró de Anastacia a los guardias y retrocedió hasta quedar junto a la abertura.

—No te acerques.

La princesa se detuvo a unos pasos de ella.

—Hemos venido a buscarte.

—No voy a volver ahora.

—Entonces explica qué estás haciendo. Elyra y los demás contaron que abriste las celdas. ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué acusaste a Leon?

Aurora apretó los dedos contra la piedra.

—Necesitaba salir del castillo.

—Y dejaste a tu marido preso en tu lugar.

Aurora apartó la mirada. Antes de que respondiera, apareció una sombra en medio de la luz.

Mili llamó a Anastacia por su nombre y levantó el bastón.

Una figura atravesó la abertura y se detuvo junto a Aurora. Era alta y vestía un manto marcado con medias lunas. Cuando volvió el rostro hacia el grupo, Anastacia vio sus cuatro ojos seguir sus movimientos.

Elyra se acercó a la princesa.

—Morteus —dijo en voz baja—. El dios de los intercambios.

Anastacia conocía ese nombre por las historias que había oído desde pequeña. Concedía peticiones, pero exigía algo a cambio.

Miró de inmediato a Aurora.

—¿Qué le pediste?

Aurora permaneció junto al portal.

—Es una decisión mía.

Morteus observó a Anastacia un instante, después se volvió hacia Aurora y le tendió la mano.

—Podemos irnos.

La princesa avanzó un paso.

—Aurora, espera. Ni siquiera sabes si podrás volver.

Aurora miró la mano que le ofrecía. Respiraba deprisa y tardó en levantar los dedos.

—Leon te está esperando —insistió Anastacia.

Al oír el nombre de su marido, Aurora volvió a mirarla.

—Dile que volveré.

Entonces tomó la mano de Morteus.

Anastacia corrió hacia ellos. Aurora ya se había vuelto cuando la princesa extendió el brazo para alcanzarla.

Morteus entró primero, llevándola de la mano. Aurora cruzó justo detrás. Por un instante, Anastacia aún vio su rostro vuelto hacia la cámara; después la luz la cubrió por completo.

La abertura empezó a estrecharse en cuanto cruzaron.

—¡Aurora!

Al otro lado — escena de El paso cerrado

Anastacia llegó a la pared cuando desapareció la última franja de luz. Su mano extendida encontró la piedra fría.

Un guardia se detuvo a su lado, sin haber tenido tiempo de alcanzarlos. Mili y los osos se acercaron enseguida.

Donde había estado el portal quedaba una marca vertical en la roca.

Anastacia pasó la palma sobre ella, buscando alguna abertura. Volvió a llamar a Aurora, pero solo oyó el eco de su propia voz.

Elyra levantó la antorcha y examinó la pared.

—El paso se ha cerrado.

—¿Viste adónde fueron? —preguntó Anastacia.

La anciana negó con la cabeza.

—La luz no dejaba ver.

Anastacia retrocedió lo suficiente para ver toda la pared. Había visto cruzar a Aurora. Todos los que estaban en la cámara lo habían visto. Aun así, no había camino por el que seguirla.

Flor lanzó un sonido bajo y apoyó el hocico en la mano de Anastacia. La princesa se agachó a su lado y le rodeó el cuello con los brazos.

—¿Hay alguna forma de abrirlo de nuevo?

—No sé cómo hacerlo —respondió Elyra.

Anastacia miró la marca en la piedra. Habían venido para impedir que la grieta siguiera afectando al bosque. Ahora estaba cerrada, con Aurora al otro lado.

La princesa se quedó allí un tiempo. Rezó a Sião, pidiendo ayuda para encontrarla, pero ninguna voz respondió.


Antes de salir de la cueva, Anastacia habló con Elyra y con el responsable de la escolta. Dos hombres vigilarían cerca de la senda, alejados de la entrada. Si notaban algún cambio, debían retroceder y avisar al castillo. Nadie intentaría cruzar si el portal volvía a abrirse.

—¿Y la aldea? —preguntó Mili—. ¿Podemos decir que ha terminado?

Elyra miró el interior oscuro de la cueva.

—Podemos decir que la grieta se ha cerrado. Aún debemos cuidar a las criaturas afectadas.

Anastacia pidió a la anciana que fuera al castillo a hablar con Alfred. Esta vez iría como invitada. El rey necesitaba oír su relato sobre la liberación de los prisioneros y saber quién había aparecido en la cueva.

Elyra aceptó. Mili acompañaría a los osos de vuelta a la aldea, llevando las noticias y los víveres que habían quedado en el refugio.

Durante parte del camino de vuelta, Anastacia llevó el caballo de Aurora. El animal intentó detenerse junto al arroyo y ella lo dejó beber. La silla vacía aún conservaba el polvo del viaje.


Al llegar al castillo, Alfred recibió al grupo antes de que llevaran los caballos a los establos.

—Encontramos a Aurora en la cueva —contó Anastacia—. Morteus apareció ante nosotros. Ella tomó su mano y los dos cruzaron el portal. El paso se cerró antes de que pudiera alcanzarla.

Alfred miró a los soldados. Confirmaron lo que habían visto.

El rey preguntó a Elyra si había alguna forma de buscar a su sobrina al otro lado. La anciana explicó que no sabía cómo reabrir aquel paso ni adónde los llevaría.

Alfred ordenó reforzar la vigilancia cerca de la cueva. Después de escuchar también el relato sobre las celdas, dispuso que Elyra y sus compañeros pudieran volver a la aldea sin ser detenidos. Si necesitaba hablar con ellos de nuevo, los mandaría llamar.

Invitó a la anciana a entrar para continuar la conversación.

Anastacia los acompañó hasta el pasillo principal, pero pidió permiso para ver a Leon. Lo encontró en los aposentos que compartía con Aurora. Había un guardia en la puerta, tal como había ordenado Alfred.

Leon se levantó en cuanto la vio. Su mirada pasó de largo, buscando a alguien en el pasillo.

—Encontramos a Aurora —dijo Anastacia.

—¿Dónde está?

La princesa se acercó antes de responder.

—Cruzó el portal con Morteus. Yo estaba allí, Leon. Intenté alcanzarla, pero el paso se cerró.

Él permaneció de pie.

—¿Se la llevó por la fuerza?

—La vi tomar su mano. Le pedí que volviera con nosotros, pero no quiso.

La promesa que permanece — escena de El paso cerrado

Leon se sentó despacio.

—¿Dijo algo?

—Me pidió que te dijera que volverá.

Miró la silla vacía junto a la ventana. Uno de los mantos de Aurora seguía doblado sobre el respaldo.

Anastacia acercó la otra silla y se sentó junto a él. No sabía si Aurora podría cumplir su promesa. Tampoco sabía adónde la había llevado Morteus ni qué ocurriría con el hijo que Leon esperaba.

Flor se tumbó junto a la silla de Anastacia y apoyó la cabeza en sus rodillas.

—Si averiguamos cómo llegar hasta ella, vendré a contártelo.

Leon asintió. Durante un rato se quedaron allí, mientras abajo Alfred escuchaba a la anciana a la que antes había mandado encarcelar.

La grieta estaba cerrada. Los amigos de Anastacia ya no tenían que esconderse de los soldados del rey. Pero, cuando la campana anunció el cierre de las puertas aquella noche, la princesa aún recordaba la mano de Aurora desapareciendo en la luz.